Puskas habla portugués
En las horas previas al partido, el veterano socio Eugenio Escudero (abajo, recibiendo una placa) reunió a las aficiones de Madrid y Schalke en el Real Café del Bernabéu en honor a Raúl. Todo era una fiesta hasta que Jesé se rompió. Una pena.


Un coloso en llamas. Corría el minuto 73. Cristiano recogió un balón en la medular, a casi 50 metros de la portería del Schalke. Corrió como un búfalo desatado, con la pelota cosida a sus pies de acero. Una manada con botas. Dos ingenuos zagueros alemanes intentaron abordarle, pero fue como si a Usain Bolt lo desafía en velocidad una tortuga Ninja. Después, soltó un latigazo por el palo del portero que éste ni siquiera atisbó. Un rayo. Un cañón. Sí. Cañoncito Puskas. Un clásico con el que se amamantaron mi padre y todos los privilegiados de su generación que pudieron ver aquel Madrid imperial de las cinco Copas de Europa con Di Stéfano, Puskas y Gento al frente. Cristiano lo celebró enrabietado y feliz, pero quería más. Su hambre es insaciable, pero entre los penaltis no señalados y dos postes fue imposible aumentar la cuenta. Se fue del campo saludando al entrañable Agustín Herrerín (delegado ejemplar), pero su gesto de contrariedad confirma que el Madrid está en manos del jugador más ambicioso y ganador del mundo. Para su consuelo le diré que ya lleva 41 goles esta temporada, 48 en Champions con el Madrid (¡está a uno solo de los 49 que marcó La Saeta de blanco!) y 64 en el total de la historia de la máxima competición continental. Supermán se queda sólo a tres de Messi (67) y a siete de Raúl (71). Cristiano es capaz de dar caza a los dos en esta misma Champions. La va a liar...
El revés de Jesé. Qué mala suerte la del genio canario. Ante el Galatasaray fue titular y la roja a Ramos obligó a Ancelotti a cambiar a Jesé antes de la media hora. Anoche fue mucho peor. El bosnio Kolasinac le entró por detrás como si fuese un tren mercancías. Le atropelló, directamente. El 4x4 del Schalke dejó caer todo el peso de su corpachón sobre el canterano, que rápido se echó mano a la rodilla. Era grave. Mucho. El tal Kolasinac se fue limpio de castigo. Ni una amarilla. El árbitro ruso Karasev debe mirárselo. Después pasó por alto dos penaltis clamorosos a Morata y a Cristiano. Espero no verle nunca más por el Bernabéu. Y la UEFA debería sancionar a Kolasinac para que se vea que el que la hace, la paga. Jesé ha visto truncada su imparable trayectoria y ya no disfrutaremos de su arte hasta la próxima temporada. ¡Ánimo, chaval!
Bale, una bala. La desgracia de Jesé obligó al galés a jugar casi todo el partido. No defraudó a nadie. Está como una moto. Por fin se le ve seguro y enchufado. Bale, como ya se te conoce en todo el mundo gracias a tu fútbol emergente, serás una de las llaves del Clásico del domingo. Escrito queda.
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Morata, vente arriba. Es un nueve excepcional, pero el infortunio y la ansiedad han devaluado su indiscutible talento. Falló un gol hecho que le hizo comerse el coco. Pero después tuvo la recompensa que tanto tiempo llevaba buscando. Yo no me bajo del carro de Morata. Al revés. Sé que triunfará allá donde vaya en junio y volverá un año más tarde con todos los honores. También queda escrito.
A por la 9+1. En el sorteo del viernes quiero al Atleti o al Barça. Me da morbo tumbarles en el camino a la soñada final de Lisboa (24 de mayo). Pero antes, hay que descabellar el domingo al equipo del Tata. No me vale el empate. Es el momento de apartarles de la autovía de la Liga. Me lo recuerdan los amigos de Mortera Blanca (Santander) y Foramontanos de Cabezón de la Sal. ¡Vamos!



