Es mejor el sentido común que el sentido del ridículo
El que tienen Martino y Ancelotti.

Quisiera poner en valor, como se dice ahora, el sentido común de dos entrenadores. Carlo Ancelotti y Tata Martino. Los dos empezaron la temporada bajo un diluvio de sospechas. El primero ha hecho hasta ahora una temporada formidable y el segundo no se zafa de los lugares comunes con los que fue recibido; pero Martino no ha perdido el sentido común. A Ancellotti le van mejor las cosas, porque en Madrid no hay, de momento, banderías, sobre todo porque el Madrid va bien. Y el Barça está lleno de banderías.
A Ancellotti le habían servido la terrible herencia de Mourinho, que había convertido el hecho simple de entrenar a uno de los mejores equipos del mundo en un martirio chino. Se quejaba de los árbitros, de sus propios futbolistas; acabó con alguno de sus directivos (con Jorge Valdano, que guardaba la esencia del club) y puso en el disparadero a alguno de sus futbolistas más emblemáticos, por ejemplo Iker Casillas. Era un hombre atrabiliario, poco dúctil, engreído hasta la ridiculez, y convirtió al Madrid en espejo de sus defectos. A Ancellotti le ha bastado con sonreír y decir algunos lugares comunes para desactivar esas añagazas con las que Mourinho ocultó sus defectos. Ha sido capaz Ancellotti incluso de navegar por el asunto Casillas como si él mismo no hubiera prolongado el caso, haciéndole caso a su presidente. Se quitó de encima el caso Di María, y no tardó ni un segundo en arreglar el desaguisado carnavalesco de Illarramandi, tan caro y tan innecesario de momento.
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¿Y Martino? Un amigo argentino con el que vi el otro día el Barça-Manchester City me preguntó qué pasaba en este país con el entrenador rosarino. Es un buen entrenador, es un hombre sensato, es capaz de trabajar con constancia sobre una roca hasta hacerla fuego u oro, me dijo. Entonces, ¿qué pasa? Yo le dije que este país no tiene paciencia, y el Barça menos. Además, el Barça está dividido ahora (en las radios, en las teles y en los periódicos deportivos) entre laportistas y rosellistas. De modo que si Neymar no da pie con bola los laportistas dirán que los rossellistas se han equivocado, y así sucesivamente. En medio de ese vendaval se sitúa la figura de Martino. Ha sido capaz de aliviar algunas barbaridades, como la enfermedad sobrevenida de Messi, no se ha enfadado sino lo justo cuando los periodistas lo hemos acosado con preguntas sin respuesta, y no le ha quitado hierro a sus fallos, sino que se ha adjudicado hasta los que no le tocan. Es, además, titular del sentido común de los educados.
Durante mucho tiempo no he tenido la fortuna (o la desgracia) de admirar por igual al entrenador propio y al entrenador ajeno. Me alegro de que el Madrid juegue bien por Ancellotti. Y quiero que triunfe Martino. De los dos admiro el sentido común.




