El gol dibujado
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Messi hizo en el minuto 67 el último instante de su pintura. Estuvo dibujando el gol desde que empezó; se había comido un caramelo mientras lo abrazaban sus amigos del City, luego se dispuso a cosas más serias y estuvo todo el tiempo, hasta ese minuto preciso, dibujando el gol; consiguió definirlo como hacían los renacentistas, sabiendo que hasta la última voluta no se hace una columna. No fue tan solo una cuestión de arte; detrás de ese gol hay un esfuerzo que tiene que ver con los goles fallidos antes; en una de esas oportunidades, cuando el balón se estrelló contra el poste, estuvo lamentándose.
En realidad no se lamentaba: alimentaba la línea de este gol que en el 67’ cambiaba el semblante del futbolista y, por tanto, la cara del equipo. Antes y después pasaron otras cosas; entre ellas, el susto que nos acompaña desde que el Barça parece una sombra de lo que fue. Anoche, al fin, vio la luz. La luz del esfuerzo, la del entusiasmo; y la del arte de Messi para dibujar goles.




