La tercera parte

Los equipos, entre la guerra y la paz, como los países

Al Madrid le va bien; al Barça, mal.

Juan Cruz
Actualizado a

Ahora el Madrid está en paz y el Barça está en guerra. Uno ríe, el otro no. Algunos estiman que esos estados de los equipos son consecuencia de los ciclos vitales, como la salud y la enfermedad, como el amor y el desamor, esas cosas que nos sucede a los personas. No, los equipos son como países; de hecho tienen sus gobiernos (el Gobierno del Madrid lo preside Florentino, el del Barça lo presidía Rosell, que era El Hombre Cabreado, ahora lo preside El Hombre Que Ríe, Barto) y sus súbditos; yo soy súbdito del Gobierno de Barto, sector disidente. Es decir, no me gusta cómo lo ha hecho la directiva; me alegra que el hombre sonría, porque el aficionado (el bueno) es el que relaciona todo lo que pasa en su club con el juego del equipo, y a mí me gustaría un juego sonriente del Barça otra vez.

Lo cierto, y a eso iba, es que ahora al Barça le va mal y al Madrid le va bien. Como ya he contado aquí, veo al Madrid por si pierde (aunque a mis amigos madridistas les deseo que ganen en competiciones internacionales) y veo al Barça para ganar. Y ahora veo al Madrid ganar (muy bien) y al Barça perder (muy mal). Estos últimos días he asistido con zozobra a la desastrosa actuación de mi equipo en San Sebastián. Fue El Equipo Que No Ríe; sus jugadores deambulaban por el campo con la incertidumbre de los exiliados.

Y este miércoles vi (rodeado de alemanes y de canarios, en el Hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife) al Madrid alzarse con un triunfo y reír ante el Shalke 04. Era una victoria simbólica, pues por lo que se dijo y puso de manifiesto el AS en su portada de ayer, era la primera vez que el Madrid ganaba en suelo alemán. La conquista de Alemania, ahí es nada. Pues yo tenía en la memoria el triunfo madridista, en Copa de Europa, frente al Eintracht de Francfort, y deduje que ahí había sido, en Alemania, ese tremendo e histórico 3-7.

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Y, claro, el Madrid, su Gobierno y sus aficionados pasaron de reír a reír mucho, a ser El Equipo que Ríe Mucho. ¿Cómo nos sienta esto a los barcelonistas? Pues, mal, pero como somos víctimas de nuestro propio sonrojo vivimos el momento con la ansiedad y el miedo a que la cosa vaya a peor, a que el abismo se nos abra bajo los pies de aquí al final de la Liga.

De todos modos, en el refranero halla siempre el aficionado (el bueno y el malo) su consuelo, y me arrimo a ese que dice que no hay mal que cien años dure. Lo que hay que exigirle al Barça (y al refranero) es que deje ese año en unas pocas semanas. No depende del refranero, me dicen, sino de Messi. Y éstas sí que son palabras mayores, aunque el aludido tenga la estatura que se le supone a una pulga de su tamaño.

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