Otra vez el duelo del siglo
El Barça es un equipo reconocible... cuando acaba enero. La crisis de juego parece resolverse porque manda Iniesta. Es la solución a las desazones tácticas de Martino. Su atrevimiento de anoche tuvo recompensa en Anoeta.

Renacimiento. Messi ya no es una incógnita. En Sevilla desafió el diluvio y en Anoeta, en medio de un diluvio de futbolistas, desafió la incertidumbre y colocó al Barcelona en una situación que parecía insólita hace tres semanas: se plantará el Sábado Santo ante el mejor Madrid de los últimos tres años en la final del primer torneo de esta temporada. Vuelve, pues, el duelo del siglo de este año. En esta ocasión, al contrario de lo que ocurrió cuando el Barça fue humillado por el Bayern y por el propio Real Madrid la temporada pasada, los azulgranas afrontan la contienda con la voluntad de redimir un estilo. Y el estilo en el Barça sigue dependiendo de Messi.
La voz de Iniesta. Desde hace seis años el Barça no gana en Anoeta; tampoco ganó anoche. Lo que sucede es que, en las ocasiones anteriores, el equipo se mereció la derrota o el empate, según los casos, y en esta ocasión, mereció el empate, pero también el reconocimiento a la recuperación de un estilo. Messi lo protagoniza en los últimos metros, pero es Iniesta el que da la voz de orden en este conjunto que vuelve a depender de los jugones capaces de basar en la posesión larga la calidad del juego y también la propia defensa de un resultado favorable.
Desde atrás. El Barça, como decía Guardiola, no debe jugar nunca olvidándose de su patio trasero; es ahí donde el equipo comienza su discurso y resulta identificable. La noche de Anoeta reivindicó esa manera de ser y a ello contribuyeron algunas ideas que al principio parecieron descabelladas: esa conexión Busquets-Iniesta-Fàbregas forma parte de la tradición del equipo; renunciar a ella no es sólo renunciar a una manera de ser sino, sobre todo, a una manera de ganar, que en el caso del Barça es una manera de jugar.
El futuro. Del mismo modo que el Barça ha caminado hacia su propio reconocimiento, de sus cualidades y de sus defectos, el Real Madrid ha hecho un recorrido hacia la esencia de su juego: ahora es un equipo sólido en la defensa e impresionante en su delantera. El Barça tiene otras características, pero esa confrontación futbolística que se adivina supone una enorme riqueza para la perspectiva espectacular del fútbol. Son equipos tan distintos, con cerebros tan diferentes que ahora mismo es inconcebible en España aspirar a un juego más vibrante que el que vamos a tener el próximo 19 de abril y también hasta el final de esta temporada.
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Precipitados. Al Barça lo han dado por perdido varias veces durante esta temporada; lo cierto es que a la melancolía han contribuido los propios aficionados, incluidos los forofos y muchos periodistas. Ahora cabe recordar la frase clásica: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Hay enfermedades, cómo no, en este Barça de Martino, pero ya se ve que el antídoto son, más que la táctica, las condiciones de entusiasmo y de versatilidad de sus futbolistas principales. Si están bien Iniesta y Messi, el equipo funciona. Y por ahora parece que estos dos jugadores no han renunciado a estar entre los mejores del mundo.
Una última noticia. En el partido de anoche, que se adivinaba oscuro como el reinado de Witiza, no jugó el árbitro. Fue un partido de fútbol en el que la Real Sociedad fue al campo con una ilusión y el Barça afrontó esa contingencia con una convicción: su juego.




