La Real que nos gusta

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Algunos jóvenes realistas disfrutaron de su primera semifinal de Copa. Hasta Anoeta se estrenó en una ronda tan estimulante como esta. Fue la última estación de un trayecto que quedó marcado por la equivocación de González González en el penalti y expulsión de Mascherano no pitados en el Camp Nou. Remontar en estas circunstancias era complicado, pero al menos se sintió en Donosti la magia de los grandes partidos, aquellos que poco a poco va recuperando esta generación.
Hay que hacer muy bien las cosas para colarse entre los grandes del fútbol español. La Real lo ha hecho, tanto en Champions como en la Copa. Y lo ha hecho a su manera, poniendo a ocho canteranos en el once como ayer, jugando con orgullo pero también con la calidad de sus estrellas —Griezmann o Vela—, haciendo volar las bufandas al viento pese a la eliminación... La final es para el Barça y así estaba destinado. Pero la Real vuelve a ser la Real. La de siempre. Y eso es mucho.



