Nueva versión de Cristiano
El Atlético se pidió un partido de verdad y el Madrid dijo, OK: se necesitaba más que una buena estructura y motivación, y esta vez ganó el equipo con más talento (y suerte, aunque merecida). Era necesario no dejarse nada en el tintero: quizá por eso Bale, que no se sintió a gusto un par de horas antes del encuentro, prefirió reservarse para el fin de semana. Jugará seguro, dicen los suyos. Le debe costar cada vez menos a Ancelotti aceptar la ausencia del galés, porque ahí están Jesé, Pepe, Di María y sobre todo Cristiano, que no se guardan nada.
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Cristiano es una nueva versión de un falso nueve, otro futbolista que se fía de la estructura del equipo para moverse donde le dicta el instinto. Principalmente en la posición de ariete si el rival se cierra: buscó la profundidad con carreras entre el lateral y el central, se situó alrededor del punto de penalti cuando el balón llegaba desde la banda, y era él el que decía si ésa era su labor en la jugada. Benzema debía, como siempre, acoplarse.
Estuvo menos cómodo en banda, siempre rodeado por rivales, hasta que el Atlético se vio obligado a subir al ataque y cedió espacios. Lideró (pidió tranquilidad a Pepe), ayudó a que el ritmo fuera alto (pases a uno o dos toques), pero también se despistó cuando el Madrid perdió la posesión: ésta debe ser la última generación a la que a los delanteros se les permite que se olviden de sus obligaciones defensivas. Pero, como ocurre con los grandes, su presencia desequilibra al rival: en el gol de Pepe, el central llegó con espacio al borde del área porque previamente Cristiano había atraído a tres defensores en la banda izquierda. No tuvo gol, pero sí el peso habitual en un partido para adultos.




