A la tercera debería ir la vencida

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Lo peor para el Espanyol fue el marcador. Y eso, tras haber perdido por la mínima ante el Real Madrid es mucho decir. Si el 0-1 de hace diez días en Liga resultó honroso para los pericos, éste en Copa llenó de tanto orgullo a su afición como de moral a sus jugadores. Impecable fue el planteamiento, ahogando espacios a los blancos, y tan vertiginoso como atrevido el trazado de la segunda mitad. Los pericos fueron una intachable infantería formada por nueve centinelas de las órdenes de Aguirre —a quienes, como en Liga, sólo se les escapó el gol en una acción propia del ejército del aire— más dos soldados especiales: Casilla (cuya inmensidad no hace distinciones entre tierra, mar y aire) y Sergio García, oficial, caballero y buzo solitario en busca del gol, todo en uno.
Pese a la experiencia con Pepe en la Liga, en Cornellà no instalaron inhibidores para detener el juego aéreo del Madrid, esta vez personalizado en Benzema, ni para contrarrestar drones como la falta de Bale, un balón teledirigido. Sí inhibieron los pericos por segunda vez en nueve días la puntería de Cristiano. Y la suya propia. Porque el Espanyol esta vez dio un paso más y dispuso de ocasiones claras: Sergio rozando el palo, Córdoba a lo Robben ante Casillas, Álex en un lío morrocotudo tras un córner... Incluso se discutió un probable penalti por mano de Illarra. El segundo ‘round’ fue aún más parejo, así que a la tercera debería ir la vencida... ¿Por qué no?



