Dormimos colíderes...
El efecto del Balón de Oro ganado brillantemente por Cristiano sigue llenando de buenas vibraciones al equipo más laureado de la historia. El Madrid pasó por el Villamarín como un ciclón que se llevó por delante al pobre Andersen...


¡Cazados! La máquina de Ancelotti (¡felicidades míster por sus 500 victorias como entrenador!) está cada vez mejor engrasada. Que se lo digan a culés y a atléticos, que anoche se acostaron moscas al notar en el cogote el aliento del equipo que más han temido desde niños. Este Madrid asusta, somete y arremete. Por fin se ganan los partidos sin tener que recargar la pila del marcapasos. Desde que acabamos con los turrones y los mazapanes, el Madrid ha arrancado el año en plan imperial. 1-0 al PSG, 3-0 al Celta, doble 2-0 a Osasuna (en el Bernabéu y El Sadar), 0-1 en Cornellà-El Prat, y 0-5 ayer en el Benito Villamarín. Seis triunfos sin fallo, 14 goles metidos, cero goles encajados, 50 puntos de 60 posibles en Liga... El amanecer blanco es imparable. Hasta Di María parece redimido de su pecado genital y logró con su esfuerzo y buen desempeño que el medio millar de madridistas que se dejaron ver en Heliópolis le ovacionaran al ser sustituido. Diego López podía haberse ido al jacuzzi del hotel y no habría pasado nada, Pepe y Ramos siguen en plan Godzilla (los delanteros rivales se dan la vuelta cuando les ven acercarse), Modric agiganta su figura cada día que pasa, Xabi Alonso vuelve a oír estupendamente (lo de jugar bien al fútbol ya iba sobrado desde hacía mucho tiempo), Bale llega a su décimo gol sin hacer ruido, Benzema alcanza los 100 de Morientes y se queda a uno de Zamorano y a sólo cuatro de Ronaldo, mi Morata sale y enchufa un golito para dejar claro que se queda para luchar por un puesto... ¿Y qué quieren que les diga de Cristiano que no sepan?
Golden Ball. El portugués es ahora mismo la felicidad con botas. Una vez que ha ganado el soñado Balón de Oro, vuela como un alma libre en busca de más sueños. Su primera Champions con el Madrid, su segunda Liga, su segunda Copa, una nueva Bota de Oro... En el minuto 10 acabó con la inicial resistencia bética cogiendo la pelota y soltando un misil a 115 kilómetros por hora. Stephan Andersen, un danés de 32 años que llegó gratis en verano del Evian TG, apenas si pudo seguir con la mirada el esférico. Ni grabando una escena de Matrix habría llegado a tiempo para intentar detener esa patada de mula descomunal. Gol 232 de The Animal con la camiseta blanca (ayer blue). ¡A sólo diez de Puskas! Encima, el Villamarín era uno de los pocos campos que se le resistía porque nunca había marcado allí. No le pongan retos a este chaval porque los destroza. Literalmente.
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¡Mel, Mel, Mel!. La afición coreó el nombre del entrenador que nunca debió ser destituido. Ayer sopesaban echar a Garrido tras la manita, lo que incrementa el error de la directiva cuando se cargó al madrileño, nuevo técnico del West Bromwich Albion. Cuando Andersen se comió el 0-2 de Bale (ahora que se va Valdés, ¡Rosell, fíchalo!), la grada fue un clamor pidiendo la marcha de Garrido y haciendo justicia memorística con Mel. Lástima que ya sea tarde...
Domingo de sillón ball. Lo divertido de golpear primero, gracias al calendario, es que te tomas el día siguiente con una serenidad de espíritu que alimenta. A las siete de la tarde veré cómo se desenvuelve el Levante de mi amigo Quico Catalán ante el Barça versión ‘sin’ (Neymar). Y a las nueve un Atlético-Sevilla en el que siempre saltan chispas. Lo normal es que acaben hoy los dos con 53 puntos. Pero, ¿y si pinchan uno o los dos? Lo dicho. Este domingo promete amigos...



