Dios te salve Di María o la conveniencia de arrepentirse bien
Un gesto que le perseguirá.
Al delantero madridista Ángel di María le está persiguiendo el diablo que todos llevamos dentro, incluso aquellos diablos que parecen nuestros ángeles de la guardia. Todos tenemos la tentación de echar por la borda los conceptos éticos que nos enseñaron (o que nos debieron enseñar) en la escuela para mandar a salva sea la parte a nuestros jefes o a nuestros compañeros. Pasa, eso sucede, y los futbolistas no se pueden resistir a algo tan humano.
En realidad, el del fútbol es (junto con el teatro, o con el circo) el más expuesto de los espectáculos públicos, pues tiene a los actuantes ahí, ante nosotros, con su vergüenzas muy próximas al que mira. En el teatro se desnudan los actores, por ejemplo, algo que no harían naturalmente en la vida común, en la calle, y en el circo hay algunos que se exponen a la muerte, algo que también sería raro que acometieran circulando entre nosotros, en la calle o en el metro.
De modo que el fútbol también tiene su lógica amparada por el rectángulo de juego: ahí dentro está permitido, o tolerado, o entendido, que el jugador sea un hombre que escupe a destiempo, que se alivia la nariz, que encima (ahora se dice así) a otro señor al que naturalmente debería tener más respeto…
El futbolista hace sobre el césped, vestido de corto, gestos que serían insoportables según los cánones de la educación cívica. Entre otras cosas, insulta, o pega, protesta airadamente, es mal compañero, o mal adversario.
Y a veces los futbolistas se indignan, con el público, con su entrenador, y lo hacen patente. Es legendario lo que hizo Juan Antonio Pizzi frente a Louis Van Gaal, cuando ambos militaban en el Barça: harto Pizzi de ser sustituido se plantó ante el holandés y consiguió que éste revocara sus injusticias. Ahora otro argentino, Di María, sacó el ángel que lleva dentro y mostró su insolencia ante el público y ante el entrenador. Él dice que no fue así, y el club entendió también que no lo fue y le levantó la sospecha.
Noticias relacionadas
Pero ya da igual. En este tiempo en que todo lo que se muestra se ve, ahí está el gesto de Di María como una afrenta que sus amigos tolerarán y que sus adversarios usarán hasta el final de sus días (o, al menos, hasta el final de sus días en el Madrid).
A mi modesto entender, el futbolista tendría que haber hecho alusión, al explicarlo, a su condición humana (me equivoqué, lo hice pero no quise hacerlo) en lugar de explicarse en función de sus particulares acomodos. En este caso, un arrepentimiento rápido vale más que una imagen. Pero como se retrasó en la explicación ahora resulta que esa imagen vale muchísimo más que sus mil palabras.




