Sobre todo, un grupo de buena gente

Enrique Ojeda
Actualizado a

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España ganó el Mundial de 2013 porque fue la mejor entre un grupo de gallitos en el que Dinamarca, Croacia y Francia eran los llamados a dominar el gallinero, porque los aficionados españoles somos así: capaces de creer que somos los mejores cuando estamos lejos de los buenos, y capaces de infravalorar a un grupo que llevaba varios años compitiendo entre los mejores. Calidad, no hay duda de que había: Aguinagalde, Cañellas, Sterbik y Alberto Entrerríos forman un póquer ganador en la mano de cualquier buen jugador.

Pero la realidad es que España ganó el Mundial porque Valero Rivera asumió el error de los Juegos Olímpicos. Rectificó aquella pésima elección de Londres 2012, y convocó a Alberto Entrerríos, que no tuvo inconveniente en despedirse de España disputando a muerte cada uno de los encuentros que jugó. La profesionalidad del asturiano caló en un grupo de muy buena gente, donde todos fueron a una, desde el primero al último. Y desde la humildad del seleccionador se generó la segunda estrella en la camiseta española en un momento decisivo, porque el título es como un salvavidas para el balon­mano español.

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