Una cuestión de confianza, no de censura
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Vaya por delante que entiendo que la Fórmula 1 es un deporte con enormes connotaciones económicas por las que deben velar sus protagonistas. Es así como admito que las ordenes de equipo sean licitas en beneficio de sus intereses y también que exista una estrategia de comunicación de las escuderías, al igual que debe haberla en cualquier empresa con exposición pública. Lo que ya no tengo tan claro es que sea acertada la postura de Luca di Montezemolo de pretender limitar el uso que los componentes de su equipo hacen de las redes sociales, especialmente el más activo de todos ellos, que no es otro que Fernando Alonso. En mi opinión se trata de una cuestión de confianza, no de censura. Para empezar, si en Ferrari no dan motivos a sus pilotos para la queja o la decepción, estoy convencido de que esas sensaciones difícilmente llegarán a sus seguidores, ¿no?
En Maranello deben definir esa hoja de ruta sobre su política de comunicación, dejársela bien clara a sus integrantes e intentar que las tensiones no se disparen hasta el extremo que los implicados se olviden de tales compromisos. Pedirle a Alonso que no tuitee sobre su escudería es querer ponerle puertas al campo, porque si realmente desea hacerlo tendrá otras oportunidades, empezando por cualquiera de sus multitudinarias ruedas de prensa o sus comparecencias, en caliente tras las carreras, ante las cámaras de televisión. El asturiano se siente más cercano a sus incondicionales a través de estas nuevas formas de comunicación y restringirle su utilización es un error, sólo interpretable como esa falta de confianza que ya he mencionado.




