Se volvió vulgar el Barça
Se volvió vulgar el Barça como aquel cantante de la hermosa canción de Enrique Urquijo, el líder de Los Secretos. Lamentable derrota, no sólo porque muestra la situación indecisa del Barcelona, sino porque fue indigna de su reciente historia, de sus ambiciones y también fue un indicio de falta de coraje. Fue un eclipse completo del equipo en Ámsterdam, donde está la cuna simbólica de su fútbol, ante el arquitecto poético de esta aventura, Johan Cruyff, y ante una afición que no se creía una delicia tan fácil de arrancar de un árbol arrasado.
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El partido fue un cúmulo de errores que arrastran la reflexión hacia lo menos agraciado de las derrotas, algo que sucede cuando los equipos dejan de pertenecer a sus propios colores y se quedan desteñidos, cansados antes de aparecer en la cancha. Casi invisible fue el Barça de anoche. Ni hubo táctica ni hubo estrategia ni hubo nada. En una ocasión tan plana todas las alarmas remiten al entrenador, pues sólo se puede encontrar a un responsable de esta nadería cuando todos han estado mal en el campo. Ni siquiera Neymar, que está amparado por el dios del pase, dio algo más que lo que se puede esperar de un futbolista mediocre.
Desde Pinto hasta esa zona del campo el Ajax los tuvo a jaque, y ni cuando Xavi salvó el honor el Barça fue capaz de honrar esa esperanza. Un desastre que sólo resulta aliviado por la estadística: no habían perdido hasta ahora con Martino. Una vez es la primera y es una afrenta vulgar, sin heroísmo alguno.




