Alguien debería dimitir

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En esta fría mañana de lunes, todos los misiles que haya en Heliópolis volverán a apuntar a Mel, solo solito en su laberinto desde que llegara al Villamarín hace casi tres años y medio. Nadie se responsabilizará de una derrota que hiere al beticismo en lo más profundo, su alma, porque este Betis de Bosch se ha acostumbrado a que los errores no existen hasta que no son descubiertos y cuando se descubren, no se reconocen. Pero al sonrojante marcador (otra vez) del Sánchez Pizjuán no hay manera de esconderlo. Seguirá ahí por mucho tiempo.
Alguien (¿Bosch? ¿Stosic? ¿Mel?) debería dimitir hoy en el Betis, aunque sólo fuera por vergüenza torera. Somos muchos, cada vez más, los que hemos denunciado la penosa planificación deportiva que se ha hecho en Heliópolis, desolado lugar en el que ni siquiera los que han pergeñado la plantilla son capaces de calificarla como “mejor” que la campaña pasada, y eso que hay una competición más con la que lidiar, la Europa League. La entrada de Rubén Castro con 3-0 es una metáfora de lo que le está ocurriendo a un equipo que, más colista que ayer, tiene una pinta horrorosa de Segunda División. Sobre todo, porque la moral escasea.



