Adama y las vidas paralelas
Lo más importante del Barça de ayer se hizo en la Masía. El que más trabajó fue Pedro, a quien llamaron Pedrito y ahora llaman con justicia don Pedro. Cesc centró como siempre mejor que nadie. Iniesta, matrícula de honor en esta escuela, organizó el partido con la discreción que lo hace imprescindible en la historia. En ese ámbito de estrellas nacidas en casa, y en medio de una tabla de lesionados que asusta a cualquiera, que el equipo haya ganado con amplitud en un partido mediocre no nos autoriza a descreer del Barça, aunque sí nos permite desconfiar de la calidad de su juego.
Es lógico que si se viene de lo grandioso lo que pasa ahora reclame adjetivos peyorativos. A mi juicio no es para tanto. Pinto, que era una nueva incógnita, fue solvente, y la defensa no notó la ausencia de Alves, aunque sí se resintió de la falta de sus zancadas. Con un equipo diezmado, un 4-0 no dice nada en contra. Que además fuera un equipo mayoritariamente hecho en casa le otorga una metáfora que abriga esperanzas. Adama debutó a los 17 como Pedro y ayer jugó como si llevará en ese césped una eternidad. La suya es una vida paralela a la de muchos. Ese es el Barça. Que juegue mal es un accidente: ya se repondrá. Gracias a gente como Adama, por ejemplo.




