Un capitán solidario y pacificador
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El capitán ejerce de capitán. Desde la normalidad, con firmeza y a la vez políticamente correcto, Iker Casillas pone las cosas en su sitio. Cristiano merece el Balón de Oro, por supuesto, y lanza un mensaje de credibilidad hacia el galardón, porque es el premio del fútbol y no del señor Blatter. ¿Cómo va a renunciar una estrella al reconocimiento de seleccionadores, jugadores y Prensa? Un Madrid serio no debe ser revanchista, ni más chulo que un ocho, que diría el castizo. Casillas lo resume: Blatter se equivocó, pidió disculpas y en su conciencia llevará el castigo. Humillarle más no es elegante. Hágase la paz.
Casillas no es feliz en lo deportivo, pero transmite un sosiego bueno para el Madrid. Su reivindicación sobre la titularidad es razonable, cualquier suplente quiere jugar y más si eres el campeón del mundo. Interpretar esta ambición como una presión a Ancelotti o a su compañero Diego López es sacar los pies del tiesto. Casillas está equilibrado y tiene los tiempos de actuación muy claritos. Ahora espera una maravillosa paternidad que deseaba hace tiempo, pelea por ser titular, mira hacia el Mundial y observa el futuro tranquilo, ejerciendo de capitán.



