Messi, Diego Costa, Llorente, Cristiano y el efecto mariposa
Se desató un conjunto de azares.
Cuando este lunes se supo que la lesión de Messi iba para largo se desató en el mundo del fútbol un curioso conjunto de azares, como si se hubiera puesto en marcha el efecto mariposa. De pronto esa lesión lanzó tantas especulaciones como expectativas (sobre el Balón de Oro, principalmente, al que con justicia aspira Cristiano Ronaldo). Y como también se lesionó Diego Costa esa mariposa voló hacia la cabeza de Fernando Llorente.
Se lesionó Messi; el argentino es, pues, como escribió Blas de Otero del dolor, rabiosamente humano. Ahí lo han visto estos días, doliéndose y comunicando. Este joven, acostumbrado a comunicarse por señas, ha descubierto las redes sociales, y desde aquel día en que se puso a volar el efecto mariposa no ha cesado de contar qué le pasa. Incluso se ha dignado a dar explicaciones sobre la gente que le ayuda y sobre los malentendidos que han surgido desde que se rindió en el Villamarín.
Las casualidades las desató Messi. En seguida, Diego Costa, la flamante estrella ascendente del balompié nacional, también se inclinó del lado humano, se declaró también dolorido y tuvo que hacerse a un lado para que retornara al equipo de Del Bosque el otrora cariacontecido Fernando Llorente. A Llorente le ha sentado bien Turín, donde ha renacido su estrella y donde la casualidad del fútbol lo ha puesto otra vez en el primer plano. Y ya no está triste, como cuando lo miraba Bielsa.
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A la vez que ocurría todo esto aparecía un libro, Chiripas de la historia, de Gonzalo Ugidos, y este conjunto de azares parecía una casualidad más de esa historia. Para completar la chiripa iniciada por Messi se puso en juego Cristiano Ronaldo. Quiere ser el mayor goleador de la historia del Madrid. Tocado por la mariposa del efecto Messi y del efecto Costa, ya se ve cabalgando solo y sin peligro. Me parece bien que tenga esos deseos, y aun mejor que aspire al Balón de Oro, que se merece. Pero quizá alguien tendría que haberle soplado que en los grandes clubes, de grandes historias, es mejor hacer y no decir. Que sea el mejor de la historia, claro que sí, pero compararse trae malas consecuencias en el alma de los veteranos, me parece. Que marque goles, todos los que pueda, que gane el Balón de Oro, siempre que pueda, pero que no toque a Di Stéfano, que se lesiona el madridismo. Que sea él, pero que no se compare.
Así pues, Messi fuera de juego, como Costa, y Cristiano Ronaldo en solitario, al frente del Pichichi. Ahora está vacante el trono del Lesionado de Oro. La mariposa del fútbol tiene estos vuelos.




