Del glorioso Submarino a la Ducati

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Este Villarreal no es el que recordamos. Más músculo y menos toque. Más gimnasio y menos rondos. De aquel dibujo sin extremos a éste con balas. El orden es su máxima. La solidaridad, su motor. Y el físico, el secreto que reluce. Su preparador, Ismael Fernández, y el nutricionista, Héctor Usó, han adecuado la fisonomía al estilo de Marcelino: sin sobeteo y con verticalidad. Ahora, vuela. Ellos quitaron 56 kilos que sobraban entre la plantilla. Y han pulido a las estrellas. Cani bajó tres puntos su porcentaje de grasa y Bruno ha ganado nueve de musculatura. ¿Cómo? Con rigor. Un ejemplo: el grupo desayuna obligatoriamente en la Ciudad Deportiva y tal es el avance que ha notado (menos lesiones), que el 90% come allí también de forma voluntaria y algunos, como Gio, se llevan los tuppers listos para la cena. Duscher aún agradece lo que vivió con Marcelino en el Racing, donde se presentó con 94 kilos y acabó liderando la proeza de la UEFA y fichando por el Sevilla con 79,4.
Este Villarreal no se olvidó de jugar, pero en la intensidad reside su éxito. Lo tiene todo científicamente controlado. Los medios no pueden bajar de los 12 kilómetros recorridos por partido. Y los atacantes sólo brillan si andan cerca del kilómetro acumulado con acciones a alta intensidad (más de 23 km/h). El mensaje esta semana ha sido claro. "Nos visita una MotoGP, el equipo que más y mejor corre, así que sólo ganaremos si le enseñamos la Ducati". Uche, el líder hoy, ya se ha puesto el casco.



