Llega la F-1 que deseaba Ferrari
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Lo hemos escuchado hasta la saciedad, especialmente en boca de Montezemolo: la F-1 debería ser un deporte de motores, no de alerones. El presidente de Ferrari reclamaba así que la mecánica recuperase su protagonismo, disminuyendo la influencia de la dinámica de fluidos. Desde Maranello han insistido en que ellos saben hacer coches, no aviones Pues bien, esta reivindicación se verá satisfecha a partir del próximo año, con una auténtica revolución técnica en la especialidad en la que los motores deben volver a ser el elemento clave de los monoplazas. La aerodinámica (incluyendo la conducción de los gases de escape para aumentar la carga) se verá mucho más limitada y, por el contrario, disponer de un buen V6 debe otorgar ventajas significativas.
Motores de seis cilindros con turbo, de tan sólo 1,6 litros de cubicaje, con un sofisticado sistema de recuperación de energía, consumo limitado por un tope de cien kilos de carga en el depósito y diseño de escapes muy acotado. Numerosos condicionantes, por tanto, con los que los ingenieros deberán trabajar para encontrar el mejor compromiso posible entre prestaciones, eficiencia (el consumo puede ser un problema) y fiabilidad. Un reto para los clásicos motoristas, ocasión para que los especialistas de Renault, Mercedes e incluso Honda, a partir de 2015, demuestren de lo que son capaces. ¿Y Ferrari? Pues ojalá que también, porque ésta es, con algunos matices, la Fórmula 1 por la que tanto habían suspirado. Es su turno, así que toca aprovecharlo.




