El tiempo de los albañiles

Juan Cruz
Actualizado a

Al Barça le ha tocado ahora asumir el tiempo de los albañiles; ganó a trompicones, con frialdad, asustado de perder. Y no perdió ningún punto porque Valdés sigue en forma. Decía Martino esta semana que el mejor equipo de la historia no se puede hacer cada semana. Tiene razón. Para construir el peor equipo de la historia también hace falta paciencia; si este Barça de anoche insiste puede llegar a ser algún día el peor equipo de la reciente historia, porque se está deshaciendo como un caramelo amargo.

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Anoche le faltó poco para ser el peor; estaba el equipo tan avergonzado de ser tan malo, tan impreciso, tan alejado de su principal objetivo, jugar para ganar, que decidió ganar, tan solo. Y ganó, dejando una penosa impresión, como si arañara el fracaso y esa desesperación no le causara disgusto. Desazón, quizá, ansiedad, pero los errores se multiplican como si no hubiera corrector de pruebas.

Es cierto que delante tuvo un muro, por lo cual era lógico que incluso sus jugadores más exquisitos, con Messi a la cabeza, se dedicaran a trabajar como albañiles, como picapedreros, para derribar esa defensa que construyó Aguirre como si quisiera instaurar la revolución del no-fútbol, negando, además, a sus mejores futbolistas la posibilidad de jugar como dios manda. Estos partidos suelen ser así, ese es un consuelo. Pero ya lleva demasiados partidos así el Barça. La inquietud no se basa en las estadísticas, sino en las ambiciones estéticas que están siendo defraudadas.

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