El Granada supo competir
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Ganar al Atlético de Madrid es una tarea difícil para cualquier equipo de fútbol, sea del nivel que sea. Y si estamos hablando de un humilde o un modesto de la Liga, ni que decir tiene que la noche debe salir redonda desde el minuto uno hasta el noventa. Porque el Atleti comparece en el escenario como ese ogro adormecido que da ventaja al enemigo y que maneja el futuro de uno y de otro a su antojo. Levanta el brazo, un mazazo, otro mazazo... Y se acabó. La tarascada de Recio sirvió para activar el demoledor mecanismo colchonero que pudo romper el partido en el último cuarto de hora de la primera parte.
La reacción final sirvió para enviar un mensaje a la grada: el Granada está vivo, no se rinde ante la adversidad y jugará el domingo ante el Levante con la misma ilusión e ímpetu sabiendo que en partidos como ese es donde está jugando realmente su futuro en Liga. El Atlético, en sólo temporada y media, se ha construido gloria y fama en torno suyo, una suerte de áurea que infunde respeto, impone e intimida. Tanto que decir "jugamos contra el Atlético" es algo parecido a decir que en frente estará unos de los equipos más temidos de Europa. El Granada compitió, que ya es mucho.



