Sevilla, ilusiones y miedos

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El Sevilla está en obras y es normal. Ha incorporado 14 jugadores y en su vestuario conviven 14 nacionalidades distintas. Por el camino, se desprendió de sus cuatro futbolistas más fiables (Navas, Kondogbia, Medel y Negredo) y equilibró sus maltrechas cuentas con 90 millones. Atenuantes suficientes para justificar que el tiempo de horneado se alargue.
De lejos, la foto del Sevilla resulta interesante. Aún ofrece buenos nombres (Marin, Rakitic, Gameiro, Bacca), un técnico con fe en su trabajo y un currículo correcto y mantiene una estructura de club sólida. Muchas cosas, y no sólo ganar títulos, se hicieron bien en la planta noble de Nervión. Quienes conocen más la casa, sin embargo, se inquietan por dos peligros latentes. El primero es deportivo. Que Emery termine de cocinar un buen equipo es posible, pero no inmediato. Además, el Sevilla anda pendiente de la inminente resolución judicial sobre Del Nido, que ha intentado dibujar una sucesión dulce por si recibe malas noticias. Sin embargo nadie duda, por el peso del dirigente y la propia idiosincrasia del club, que su adiós, parcial o total, resultaría sísmico.



