Si Marce lo dice, será así

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He oído a Marcelino como al eco repetir que el objetivo del Villarreal es salvarse. No quiere perder el norte. Y no engaña a nadie. Es el objetivo. Ahora, no se confíen. No he conocido a un técnico con más ambición. Se puede hablar de la realidad sin renunciar a un sueño. Está bien que hoy, pase lo que pase, su equipo duerma en Champions y delante de un Valencia al que hay ganas de ajusticiar. Pero no le vale. Quiere al Submarino de hace un mes. Al que mordía y nadie barre. De ahí que vaya a mover la pizarra. Su obsesión es que vuelva el hambre.
Y volverá. Porque tiene lo más grande. La fe de su plantilla en lo que dice y lo que hace. Marce, con el control de la situación, con mando en plaza, es así: logra lo que se propone. Por eso sufre cuando no se siente un líder por sus jefes (Zaragoza) o por la complejidad de un vestuario grande (Sevilla). No es dudoso alguien capaz de negar la pasta de Lopera cuando salía del Recre, de dejar al Racing tras llevarlo a la UEFA y salvarlo porque ya había tocado techo, de no ir a Mestalla para no ser una marioneta, de rechazar trabajos estando en paro por no agradarle un proyecto y de irse a Segunda dos veces con ofertas de Primera (Espanyol, Granada...). Si él dice que hoy regresa el Villarreal, será así. Porque lo habrá olido entre semana. O porque sabe que antes, como local, se midió tres veces al Valencia y en todas le ganó. 2-0 con el Recre. 1-0 con el Racing. Y 1-0 con el Sevilla.



