El madridismo se enamoró del portugués esa tarde...

Noticias relacionadas
El 11 del 11 (noviembre) de 2012 quedará grabado en la retina del madridismo militante como el día en el que Cristiano se ganó el corazón de la afición para los restos. En aquella lluviosa tarde de otoño, el portugués se comportó como un hombre, primero, y como un héroe, después. En la primera jugada del partido, David Navarro le propinó un codazo brutal en el rostro. El párpado izquierdo de Cristiano empezó a sangrar abundantemente, pero él ni se inmutó. No se quejó. No se revolcó en el suelo buscando la expulsión del central levantinista. No se quejó al árbitro (¡era Muñiz!). Se limitó a ponerse en manos de los médicos, que en carne viva le aplicaron siete puntos de sutura. Con el ojo hinchado y la visión nublada por el impacto en la cabeza, siguió luchando bajo el diluvio. En el minuto 20 le cayó un balón suelto en el área y lo enchufó en la portería de Munúa. ¡Comportamiento heroico!
En el descanso se tuvo que retirar, ciego ya de los dos ojos y mareado por el golpazo. Pero esa tarde Cristiano se ganó a los madridistas para los restos. El crack bajó a la Tierra, se comportó con una ejemplaridad que nos trasladó a los tiempos de Pirri y Camacho, y demostró que su amor por el Madrid es inquebrantable. Ese 11-N marcó un punto de inflexión. Hasta los antimadridistas empezaron a mirar al portugués con otro talante. Su actitud fue un homenaje al fair play, a la seriedad, al respeto a los valores del fútbol. Cristiano dejó claro que él nunca escenificará su tormento ni su dolor. Él sólo quería seguir jugando al fútbol, que le cosieran rápido la herida y buscar el gol sin tregua. Un guerrero del siglo XXI. Un madridista de los pies a la cabeza. Un ejemplo para niños y mayores. Valiente, gracias por ser como eres.



