Sólo Cristiano...

Sólo Cristiano...

Se veía venir. El Madrid llevaba casi un cuarto de siglo sin aparecer por Elche (1989 fue la última ocasión en la que jugó allí) y me barruntaba un partido bravo, duro de pelar, con ese histórico equipo de la franja verde encorajinado en busca de un sueño. Los libros de historia nos recordaban que en los años 60 el Madrid de los Ye-Yés sufría mucho en el viejo Altabix. La leyenda dice que hasta Gento solía alegar problemas musculares para no jugar allí. Mordían, presionaban y defendían de cine. Justo lo que anoche hizo el equipo de Fran Escribá. Sin grandes alardes los guerreros ilicitanos, asentados en la fortaleza descomunal de un colombiano con un apodo que ya lo dice todo, La Roca, fueron poniendo en evidencia a un Madrid espeso, sin velocidad y muy previsible. Ancelotti no da con la tecla y sólo los resultados van salvándole la planilla. Pero no se puede aspirar a la triple corona (Liga, Champions y Copa) jugándose todo a la fiereza de Cristiano ante el gol. El día que el megacrack tenga un resfriado, habrá que huir corriendo por la Meseta. El técnico italiano debe decidirse ya. O jugar con control y toque (opción que a muchos madridistas no nos convence nada) o jugar en busca del espacio libre, en el que Cristiano, Di María o Bale (volverá en el derbi) tienen mucho que decir. El Elche se aprovechó de la empanada táctica de su rival para hablar en primera persona. Sólo detalles de Isco o Di María. ¿Y Benzema? No jugó. Esperen que mire mis notas porque no recuerdo si estaba en el once inicial...

Superlópez. Lo peor para el Madrid es que Diego fue, de nuevo, el muro salvador en esos inicios en los que el Madrid parece resbalar sobre un bote de mantequilla. El gigante gallego hizo dos paradones a Lombán y a Javi Márquez. Otro paisano suyo, Buyo, también salvaba muchos partidos en los tiempos de la Quinta del Buitre cuando los encuentros estaban 0-0 antes de que llegasen los goles de Hugo y el Buitre. Mal camino tener que ver a Diego tan a menudo en primer plano. El caótico trabajo defensivo sigue siendo un enigma digno de Cuarto Milenio...

Cristiano, eterno. Cuando este equipo juega regular tirando a mal, tiene un recurso infalible. Cristiano. Él mismo forzó una falta y la transformó con maestría. Ya lleva 20 de tiro libre. El 0-1 era su gol 209 y luego llegaría el 210 del triunfo. Pero esa es otra historia...

Muñiz pifió. Sus habituales ayudas al Barça (hace un año en Pamplona y hace dos semanas ante el Sevilla) le situaban en el filo de la sospecha. Pero el asturiano es más malo que la carne de pescuezo y quiso equilibrar su fama tirando para el grande. Es verdad que perdonó una segunda tarjeta a Ramos, pero ojo que la amarilla que sí le mostraron, ante Rubén Pérez, fue totalmente exagerada. Lo que ya es difícil de sostener es el penalti del 1-2. Pasaba casi un minuto del descuento de tres y el partido ya debía haberse dado por concluido. Me quejé el día del gol de Alexis ante el Sevilla, por llegar fuera de tiempo, y no voy ahora a cambiar el discurso. Pero Muñiz esa noche le regaló dos puntos al Barça (¿recuerdan el gol legalísimo de Cala escandalosamente anulado?) y en Elche quiso limpiar su castigada conciencia. Las tablas hubieran hecho justicia. Pero que los del otro lado del puente aéreo no abran la boca porque ellos llevan cuatro puntos de más por los errores arbitrales de los que se han beneficiado. Aquí sólo puede quejarse el Elche. Mereció mucho más...

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