Aún está empezando, tengan paciencia con él
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Dice el seleccionador galés Chris Coleman que no entendió bien la decisión de Ancelotti de incluir a Gareth Bale en el once ante el Villarreal. Lo acababa de tener diez días para un par de partidos internacionales y vio que le faltaba mucho para aguantar el ritmo de un partido. Eso confirma la sospecha de muchos: hay docenas de teorías sobre la preparación física y casi todas ciertas. Pero existe el temor de que su falta de pretemporada no le afecte tanto en estas primeras semanas (el empuje emocional y su fuerza física natural le llevarán al menos hasta las navidades) sino en la parte más importante de la temporada, en febrero o marzo, donde puede que esté corto de gasolina. Aunque son físicos diferentes, algo así le ocurrió a Modric que, sin embargo, acabó muy fuerte tras pasar varios meses disgustado con sus prestaciones físicas. Esto viene al caso porque en su debut en el Bernabéu verán a un jugador que está oxidado, con un primer toque poco sutil, capaz de hacer carreras de velocista, pero con una gestualidad incómoda. Tendrán que tener paciencia.
De momento Bale está acostumbrándose a su entorno. Ya tiene casa, pronto se instalará allí su familia y cuenta con un asistente que se cuida de los pequeños detalles. Nada que ver con los primeros meses de David Beckham en el Real Madrid cuando vivió como un estudiante su separación del Manchester United y el régimen militar de Alex Ferguson, y aprovechó con ganas la ausencia de su mujer. Tampoco la plantilla del Madrid es la que era en la época del inglés, donde era fácil despistarse. Bale está necesitado del entorno familiar, del cariño del público. Es de los que aceptarían con gana dobles sesiones físicas para ponerse a punto, porque quiere llegar a reconocerse cuanto antes. De momento, sigue en una nube, estimulado por una experiencia que lleva años imaginando. Tendrá a todos los suyos en el Bernabéu, se le agotaron las entradas. No está bien, pero verán cómo no se oculta.




