Ha vuelto el fútbol y ya tenemos más debate que competición

Adiós a la inocencia. Me comentaba ayer José Ramón de la Morena, mientras reflexionaba sobre la diferencia entre el periodismo deportivo de antes y el actual, que hace tiempo los periodistas (y los aficionados a través suyo como intermediarios de la información) compartían ilusiones con los jugadores. Que existía la sensación de que todos iban en el mismo barco. Ahora, en cambio, parece que en el barco de las ilusiones se han quedado solos los aficionados y los periodistas porque los jugadores van a la suya. Comparten objetivos, pero no ilusiones. La victoria y el dinero nos roban la inocencia.
Los mismos errores. Viene esta batallita a cuento del revuelo que se ha vuelto a armar en cuanto ha regresado la Liga y la Champions League (el fútbol, de verdad, vamos) a nuestras vidas. Resulta que ha sido volver a la rutina de la competición y revivir los viejos debates sobre quién gasta más y quién tiene a los árbitros más a favor.
Cansino. El debate es adocenado y encima, ahora gracias a la redes sociales se magnífica. Cuando Piqué habla de Bankia o cuando el Barça gana tras un gol después de que le anulen discutiblemente otro al Sevilla se convierte en el tema del día. E igual no hay para tanto. Especialmente, si pensamos que no se ha llegado ni al primer cuarto de la Liga. Tenemos más debate que competición.
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¿Y el fútbol?. Las Redes sociales acabarán (ya lo están haciendo) por marcar la agenda de los medios de comunicación. No sé si eso es bueno o malo. Lo que es seguro es que este periodismo de polémica permanente al que nos abocamos nos lleva a hablar más de aspectos de debate que a plantearnos la pregunta clave del meollo que no es otra (en el caso del Barça y del Madrid especialmente) que la de “¿A qué diantre están jugando?”. En vez de hablar de fútbol, nos perdemos en hablar de economía, de Bankia o de arbitrajes. Y vaya por delante que en este caso, no nos ponemos de acuerdo ni en el mismo medio.
El recorrido. Así llegamos a una situación en la que importa el tuit del día o la polémica fast-food. Que se consuma rápido cuando al final, los argumentos que sostienen las discusiones son más profundos. Se basan en la historia. Que si el Madrid tiene 9 Champions o el Barça ganó el triplete. Pero todo se olvida en un tuit.



