Madrid no se merecía este palo

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El palo fue terrible. De pronto, más de 50.000 personas arremolinadas en torno a la Puerta de Alcalá nos quedamos como si nos hubieran dado una patada en la boca del estómago. No es sólo perder, sino la manera tan prematura de hacerlo. Ni el más pesimista de los que allí estábamos podíamos imaginar que ni siquiera llegaríamos a la votación final. Todo empezó cuando a las 20:40 horas una lluvia ensombreció el cielo de Madrid. Los nubarrones nos iban avisando de lo que nos esperaba. Ni siquiera la fantástica fiesta organizada por las empresas del grupo Prisa y el Ayuntamiento en torno a Correos y Cibeles sirvió para ahuyentar los malos augurios.
Aun así, cuando el enrevesado sistema de votación nos hizo creer que Tokio estaba eliminada y que habíamos empatado con Estambul, todos nos pusimos a botar como locos. Pobres inconscientes. La pesadilla estaba por llegar. En el desempate ya barruntábamos el peor de los desenlaces. Otra vez fuera. Por tercera vez. Lo que más me duele es que nuestros hijos y las futuras generaciones no vean el sueño olímpico plasmado en una ciudad tan maravillosa como Madrid. Los 94 miembros del COI no son conscientes del daño que han causado. Pero hay que levantarse. Madrid y España merecen todo el crédito y el cariño del mundo. Saldremos de ésta.



