Treinta años de la Baja España Aragón

Raúl Romojaro
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Carlos Gracia, tan denostado en ocasiones, ha hecho muchas cosas buenas por el automovilismo, incluso antes de ser presidente de la Federación Española. Cuando estaba al frente de la Federación Aragonesa-Riojana, se convirtió en el principal promotor de una prueba que entonces sonaba casi a quimera pero que este año cumple ya su trigésimo aniversario: la Baja España-Aragón. Intentando unir el concepto de un ya por entonces exitoso Dakar y la filosofía clásica de las Bajas norteamericanas nació en 1983 una competición que ha sabido consolidarse como la referencia de la especialidad de los raids en Europa. Para ello ha contado con las ventajas de un escenario de excepción como los Monegros y del saber hacer de una organización modélica, además del apoyo institucional.

Lo cierto es que en España encontramos algunos parajes ideales para este tipo de competiciones, pero tan importante como ello es saber aprovecharlos y ofrecer a los pilotos todo cuanto exigen para participar con garantías en una prueba tan compleja organizativamente. Por eso debemos felicitarnos de estos treinta años de nuestra Baja, de que alcance su madurez en plena forma pese a que la coyuntura no sea precisamente la más propicia para seguir adelante. Que una carrera ya con su tradición y prestigio se perdiera sería una pésima noticia para el deporte del motor y en esa continuidad, de nuevo, juega un papel determinante Carlos Gracia. Se siente un poco como el padre de la criatura y sirve de catalizador para que tantos esfuerzos se focalicen en la dirección precisa para poder seguir adelante. Así que feliz cumpleaños… y que cumpla muchos más.

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