El carisma de Márquez conquista
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No podemos decir que Marc Márquez sea un diamante en bruto porque su palmarés indica que se trata ya de una joya bien pulida. Es joven y su proyección es enorme, gracias entre otras cosas a un talento descomunal que invita a pensar que lo mejor está por llegar para él. Su irrupción en MotoGP ha sido un torbellino que ha sorprendido a muchos y reafirmado a otros, pero desde luego no ha pasado desapercibido para nadie. Dentro y fuera de España se sigue con admiración e interés la evolución del último fenómeno de nuestra cantera. Resulta frecuente que se le catalogue como el nuevo Rossi y lo cierto es que la comparación no va desencaminada, son bastantes los puntos en común entre estas dos figuras, entre una leyenda y quien puede llegar a serlo.
Un factor determinante en tal sentido creo que es su carisma. No sólo enamora con su valentía, rapidez y espectacularidad en la pista, también es capaz de hacerlo fuera de ella. Se trata de un matiz significativo respecto a las otras dos estrellas españolas de la clase reina, Lorenzo y Pedrosa, que diría no gozan del mismo beneplácito general. Ambos tienen, por supuesto, legiones de seguidores incondicionales, pero me parece indiscutible que su personalidad resulta menos atractiva para el gran público que la de Marc. Es la percepción desde la distancia que los aficionados tienen de un ídolo, la simpatía que despierta y que, como digo, cuando cala hondo no conoce fronteras ni idiomas. Y Márquez, además de ir en moto como pocos, disfruta de ese don al más puro estilo Rossi.




