El capitán salió un rato a comer y la tripulación tomó el barco

La importancia del faro. Semana complicada en las redes sociales deportivas a causa de la falta de abanderados a los que seguir. Por concretar, los abanderados siguen, pero no tenemos muy claro que emblema enarbolan. Por poner un ejemplo, los Mourinhistas, una de las cohortes mejor organizadas de Twitter, andan como Edipo cuando se enteró de que la había liado parda: A ciegas. Ellos, que idolatraban a Pepe ahora no saben qué pensar del hombre que aterrorizaba al Barça. Tampoco tienen claro qué pensar del faro, leáse Mourinho, que a día de hoy elogia al equipo blaugrana en una sublimación del mito del Caballo de Troya.
Hay más huérfanos. En el Barça, las cosas tampoco están para tirar cohetes, no se crean. Se echa en falta la figura del líder, del capitán que nunca fallaba. Eliminado Guardiola de la ecuación por elección propia, el referente natural era Puyol. Un símbolo que se diluyó en una tarde de marzo cuando decidió operarse y no volver a aparecer más a pesar de que en el horizonte se adivinaba tempestad. Su ausencia, en el vestuario y en los medios, se ha notado.
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Estrategias opuestas. Ante esta situación, ambos faros decidieron tomar caminos opuestos. Mou, que temía a la sala de prensa como un labrador a un nublao, empezó a visitar el lugar común entre medios y protagonistas y la lió por acción. En cambio, Puyol, se alejó de cualquier contacto con la prensa y la lió por omisión. Tanto es así, que apeló al Twitter para desmentir los rumores de su salida del club. Cierto es que con eso cerró el debate y que Mou, compareciendo en sala de prensa no ha dejado nada claro, pero se les agradecería a ambos que, en un medio o en el otro, hablaran más claro. Su ausencia motiva falta de referentes para una legión de seguidores para los cuales es mucho más cómodo firmar bajo las declaraciones de sus ídolos y no pensar por ellos mismos. Les tienen totalmente desorientados y les están obligando a pensar por ellos mismos.
El ejemplo. Y como siempre pasa cuando el capitán sale a comer, los marineros, toman el barco. Sea en las redes sociales o en el vestuario. En el primer caso, la falta de referentes hace que se dispare a todo lo que se mueve. En el segundo, provoca malas sensaciones, pubalgias y ganas de conocer nuevas culturas.



