Isco, de negocio a quebradero

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Verano de 2011. En Valencia no se lo podían creer. Abdullah Ghubn, vicepresidente y consejero delegado del Málaga, dio la orden de abonar la cláusula de Isco a pesar de la resistencia del consejero José Carlos Pérez, ya fallecido, que consideraba una barbaridad pagar a tocateja semejante dineral por un chaval de indudable clase, pero sin experiencia en Primera. Ghubn insistió y, ante el asombro del club valenciano puso los seis millones de euros para hacerse con el jugador. Hubo un conflicto entre ambos clubes por un fleco pendiente. Desenlace, 7.000.080 euros precio total con el IVA incluido, fue en aquel momento una extraordinaria venta para el Valencia y una bendita locura para el entonces millonario Málaga.
Pellegrini puso su confianza en aquel chico a quien Antonio Fernández, entonces director deportivo, tuvo la habilidad de blindar con una cláusula de 20 millones de euros. Isco explotó. Y en sólo un año, lo que parecía una alucinación de ricos despilfarradores se convirtió en un buen negocio. Hoy, Isco vale 35 millones de euros, es internacional, le sigue el Madrid, le quiere el Barcelona, le espía el Inter y dicen que el Bayern de Guardiola pujará por él.



