La beneficiosa templanza de 'le garçon française'

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De entre las virtudes más destacadas de Rafael Varane impacta su templanza. No es usual que un chaval de 19 años mantenga tal equilibrio en situaciones de máxima responsabilidad. Nunca se excede en un gesto, jamás se desconcentra, se planta como un central sereno, confiado en su capacidad por más que le desafíe el mejor de los delanteros del mundo. No sobreactúa, no hace aspavientos, es benigno y aparentemente calmado sobre el campo. Varane transmite una onda positiva al equipo, tanto con el balón como en actitud, lo que aporta un punto de valiosa estabilidad desde la atalaya de su posición. Para entendernos, la antítesis de Pepe. Por ahí le gana también el jovencísimo francés al enervante portugués en la carrera por el puesto. Esto sin entender que Pepe sea mal central. Ni mucho menos.

Está contrastado en el Madrid el beneficio de contar con un hombre tranquilo ahí atrás, en el eje de la defensa. Para sembrar tensiones se manejan bien otros veteranos del equipo, poniendo los partidos a la temperatura que exigen. Lo de Varane es otra cosa. Es el bisturí fino, preciso y eléctrico. Se ancla donde la jugada lo exige, reacciona con una velocidad extraordinaria, salta en el área con una autoridad insólita para su edad y en la carrera codo con codo es imbatible. Aún suena en el Bernabéu el eco de admiración cuando sacó dos cuerpos a Messi en un sprint por la banda. Varane calla, juega y aprende de su entorno. 'Le garçon française' es el orgullo de Santamaría, De Felipe, Zoco, Benito, Pirri, Alkorta, Maceda, Tendillo, Hierro, Sanchis y tantos otros centrales eternos que me dejo en el tintero.

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