La cantera recupera su hábitat ideal

Iñako Díaz-Guerra
Redacción de AS
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Mientras esperábamos a Óliver, llegaron Saúl y Manquillo. Los tres insultantemente jóvenes, nacidos en el 94, han tenido la suerte de sumar a su indiscutible destreza el don de la oportunidad. Durante su tumultuoso siglo XXI, el Atleti ha sido una trituradora de promesas, de Sergio Torres a Keko, pasando por Toché o Borja Bastón. Cada uno con sus circunstancias, apuntaban a la luna y no lograron levantar del suelo. Sólo supertalentos con cabezas privilegiadas como Fernando Torres o De Gea se abrieron camino entre la maleza, las zancadillas y el caos que condenan a quien aún requiere apoyo, confianza y paciencia.

Simeone ha cambiado el paisaje. Ahora los chicos dan el salto sintiéndose arropados, piezas de un engranaje y no salvadores. Y así florecen rápido. Manquillo aprieta al alicaído Juanfran y Saúl ofrece atrevimiento y frescura a un centro del campo cuya planicie es un problema grave. Podrían ser titulares habituales ya. En cuanto a Óliver, cada minuto ha sido un destello y su momento se acerca. No se trata sólo de poner canteranos, sino de situarles en un hábitat favorable para que triunfen. Un logro más al zurrón del Cholo.

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