Yo digo Josep Margalef

Lección de deportividad y ciudadanía

Josep Margalef
Redacción de AS
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El 8 de agosto de 1992 el Palau Sant Jordi acogía la final de balonmano de los Juegos Olímpicos de Barcelona entre el Equipo Unificado (actual Rusia) y Suecia con victoria del primero (22-20). En la selección ganadora destacó un tal Talant Djushebaev, que finalizó como máximo goleador del torneo olímpico. Hoy, dos décadas después, el magno recinto alberga de nuevo una final de balonmano: la del Mundial 2013 que se ha destacado por la gran lección de deportividad y ciudadanía dada por el público.Máximo respeto de todas las aficiones en las interpretaciones de los himnos nacionales, compartiendo filas en las gradas sin el más mínimo incidente.

Tal vez la diferencia es que los aficionados al balonmano, sean franceses, eslovenos, daneses o croatas, entienden el respeto a las normas del juego y las polémicas arbitrales casi no existen. Esa convivencia en las gradas y en la pista se ha trasladado incluso fuera del recinto, con grupos de aficionados, en muchos casos familias enteras, de diferente países compartiendo la ciudad con los barceloneses, sin escándalos, sin altercados y con tolerancia. Una gran lección, sin duda, que se debería repetir en este España-Dinamarca, en una ciudad que ha cosechado grandes éxitos en balonmano... Muchos de ellos de la mano de Valero Rivera, hoy seleccionador.

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