El irresistible aura de Pep Guardiola ya inunda el fútbol alemán

Gana antes de empezar. El Bayern de Múnich anunció el miércoles que lo que le había dicho Adidas a Sky Italia el martes y que había repicado la Gazzetta dello Sport el miércoles por la mañana se confirmaba. Es decir, que Guardiola será el nuevo entrenador del Bayern. Dejando aparte que entre profesionales del fútbol existe un código de respeto que se rompe en cuanto entran en escena los que visten a las estrellas, en cuestión de horas Pep ya se ha hecho con la Bundesliga. Eran de suponer que los parabienes hacia su figura llegarían desde el equipo bávaro, pero que el resto de equipos alemanes celebrarían el fichaje del técnico por su máximo rival como si fuera propio, como mínimo sorprende.
Elogios propios. Ayer, Karl Heinz Rummenigge, un señor que visto desde la distancia evoca de todo menos ternura, explicó que "tras estar cinco minutos sentado con él, vimos que era muy buena persona, con un aura increíble". Intuyo que el señor Kalle debe de haber aprendido a leer auras hace tres años, justo después de que él mismo fichara a Van Gaal. No me creo que Louis y Pep compartan aura.
Elogios ajenos. Mediante Twitter, el presidente del Borussia Dormund, máximo rival del Bayern en Alemania, felicitó al equipo bávaro por la contratación del técnico en un mensaje firmado por su presidente. Algo así como si Florentino felicitara a Rosell en el hipotético caso de que el Barça contratara a Neymar (o viceversa). El Werder Bremen, también se alegró públicamente de la operación. Se nota que estos de la Peña Merkel se reparten los derechos televisivos de manera mucho más equitativa que en España. Viene Pep, luego más tele y ganamos todos.
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Los listos. En España, en cambio, se ve que todos lo sabían. La memoria colectiva es tan frágil que los mismos que daban por hecho que Pep había nacido para entrenar en la Premier, consideraban lo más normal del mundo que se fuera al Allianz Arena.
Los gruñones. Los que admitían no sospechar la deriva germánica del de Santpedor, se alinearon en cambio en las filas que defienden que, o bien se ha equivocado, o que es un cobarde por no ir a la Premier. Qué manía con obligar a la gente a que haga lo que uno quiere. Será que aquí no le captamos aún el aura.



