El premio a una actitud coherente
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Bastante a menudo pierdo la fe en la especie humana. Es cuando me queda la sensación de que triunfan la mediocridad, la indecencia o la injusticia. Me encuentro con gente honesta, capaz y trabajadora pasando apuros, mientras tantos incompetentes alcanzan un estatus que no les corresponde. Sin embargo, hay ocasiones en las que un rayo de esperanza parece asomar en el horizonte, como recordándonos que éste no es un mundo sin valores ni principios. Y ayer fue uno de esos días. Porque Pedro de la Rosa seguirá en la F-1, no compitiendo pero sí como piloto probador y en una escudería de leyenda. En Ferrari han sabido ver lo mucho que les puede aportar el catalán y han recurrido a él para sacar adelante un proyecto ganador.
Me congratulo de que así sea por dos razones básicas. La más importante se refiere a lo que mencionaba antes, a la gratificante evidencia de que el esfuerzo, la honradez, la discreción, la humildad, la experiencia, la inteligencia o la deportividad no siempre caen en saco roto, que también pueden servir para hacerse acreedor de una responsabilidad acorde a tales virtudes. Y De la Rosa llega así a Maranello, no porque le haya recomendado nadie (aunque seguro que Alonso estará encantado) sino porque tanto como puede aportar no debía perderse lejos de los grandes premios. Y justo en este punto llegamos a mi otro motivo de satisfacción: estoy convencido de que su tarea se dejará notar muy positivamente en el desarrollo del nuevo monoplaza rojo.




