Una gesta de auténticos héroes
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En ocasiones, la fuerza de la costumbre, la rutina, nos lleva a perder la perspectiva de las cosas. Por ejemplo, a mí me sucede en ciertos momentos con el Dakar. Durante casi tres semanas (incluyendo sus prolegómenos) convivimos con su cotidianidad por la información que intentamos ofrecer puntualmente desde el AS. Nos llega a parecer normal lo que hacen estos pilotos, con sus atracones de kilómetros por algunos de los parajes más inhóspitos del planeta. Sin embargo, para mí los resúmenes que diariamente ofrece Teledeporte (magníficos bajo mi punto de vista) son algo así como un choque frontal con la realidad. Viendo en la tele a lo que los protagonistas se enfrentan es cuando me doy cuenta de la grandeza de su gesta.
Y de entre todos ellos, mi mayor admiración sigue siendo para los motoristas. Héroes solitarios que se enfrentan a lo impredecible sin más ayuda que su fortaleza, su confianza, su habilidad y su voluntad. Ellos no tienen la compañía y el apoyo de un copiloto, tampoco la protección de una carrocería, ni la comodidad de un asiento, aunque sea tan duro como el baquet de un coche de carreras. Sufren como nadie más y cada día es una vuelta a empezar con los mismos desafíos que en el anterior estuvieron a punto de derrotarles. Tanta capacidad y tanto pundonor es algo que, sinceramente, se escapa a mi entendimiento. Son tíos grandes, del primero hasta el último, diría que incluso más los que luchan por sobrevivir que los que lo hacen por ganar.




