Unos hilillos que ya son chapapote

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Desde hace meses se celebra en A Coruña el juicio del Prestige. En los primeros momentos de la catástrofe, algunos políticos veían hilillos al tiempo que el chapapote llegaba a las rodillas de marineros, mariscadores y voluntarios que sudaban por salvar la costa de Galicia. Tal distorsión podía despistar unas horas a algunos, pero la realidad fue cruda y tozuda. Con las cuentas de Lendoiro pasa algo similar. Hace años que no cuadran y la auditoría pone al presidente en evidencia. Él sigue en ese mundo irreal que dice que el club suma 24 años consecutivos de superávit, pero los embargos de Hacienda y la Concursal, la tozuda realidad, está ahí.
La verdad saldrá a la luz antes o después y el presidente desaprovechó ayer una nueva oportunidad para explicar que los hilillos son, en realidad, chapapote. La cosa pinta mal, sobre todo porque en lo deportivo la catástrofe es similar. El equipo no tuvo alma ante el Espanyol. Cayó sin ideas en lo colectivo y perdido en individualidades. Todos hablan de trabajar más, pero el colista es, a la vez, el líder de Primera en vacaciones. Y todo, con Oltra en el alambre. Al final el mundo no se acabó ayer, pero como siga así...



