Empiecen por levantar la estatua

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Tener al mejor jugador del mundo es una bendición, pagarle, un castigo. Especialmente, porque en estos tiempos en los que la filosofía que se impone a todos los niveles es la que se resume en el lema Vendo Oro, traspasarle es una sublime tentación. Puede que los hinchas te apedreen, pero la cuenta de resultados se corrige en un decir Jesús y además toda la junta se libraría del aval. Gordon Gekko firmaría la venta de Messi sin pestañear. Es absolutamente lícito que Leo sea el mejor pagado del mundo competitivo (los que se van a jugar a Catar o a China cobran un bonus de deslocalización cualitativa) y que reclame una mejora de sueldo. Especialmente ahora, que Neymar está apunto de ponerse de moda en Barcelona.
No obstante, más allá del dinero, mucho dinero, está el reconocimiento. Messi no se plantea otro hábitat que el Barça porque es allí donde se siente querido. De hecho, todo gira en torno a su figura, y más allá de subirle el sueldo de manera más que merecida, la junta podría empezar a levantarle la estatua que se merece. Sería una manera de recordarle a la gente que este chico, aunque no de pie con bola a partir de ahora (cosa harto improbable) ya es el mejor futbolista de la historia del Barça.



