Ante lo que es imposible, la consola
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Sea por la razón que sea, aspirar a la presidencia del Barcelona se ha convertido en un privilegio destinado a muy pocos socios azulgrana. O eres de familia de bien, y/o tienes un recursos económicos impresionantes, o la única manera de poder gestionar al club es adquiriendo un juego de consola y dedicando horas y horas en los ratos muertos en casa. Es lo que hay.
El Barça es algo más que un coto cerrado para hacer negocios privados (en el pasado se pudo comprobar) o un buen sitio para lucir palmito en las privilegiadas localidades del palco. Cierto es que no todo el mundo está capacitado para gobernar, pero sí que sería bueno, por el debate que se generaría, que las posibilidades de acercamiento fuesen más palpables. El soci sólo tiene una cosa clara: en enero y en julio debe pasar por el banco para abonar un dinero a fondo perdido por un divertimento. Poca cosa más. Los jugadores son intocables y los tienen protegidos en una burbuja del metacrilato más resistente del mundo y el poder dialogar con los gestores se limita a una Junta de compromisarios elegidos a sorteo. Nada más.




