El Vasco y lo de abajo: la defensa

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Cuando se trata de salvarse casi todo vale. Y Javier Aguirre aludía, en su presentación como entrenador del Espanyol, a "cabeza, corazón y lo de abajo". En apenas tres sesiones de entrenamiento, el mexicano ha demostrado que eso de abajo puede cambiar por completo la fisonomía de un equipo. Si por lo de abajo entendemos la zaga, claro. El nuevo Espanyol ya no se empecina en tocar, en salir con balón jugado. Pero ayer, a las primeras de cambio, dejó la portería a cero. La clave: no ceder balones, no aparentar lo que no se es.
Se adivina en el futuro más inmediato poco aprecio por el fútbol moderno, incluso un desprecio por la posesión (ayer, tras mucho tiempo, se limitó a un 38 por ciento). Y, sin embargo, la opción de lograr más con menos: agazapados atrás, tuvieron las dos ocasiones más claras, ambas a balón parado, su mayor enemigo en los cursos últimos. Hasta Simao volvió a jugar. Eso sí, con o sin Aguirre, falta un punta. El Espanyol vuelve a tener un sustento, aunque sea defensivo. Es como un conductor que se queda sin puntos por temerario: para rehabilitarlo, lo más práctico es ponerle al volante de un utilitario; si le das un deportivo, reincidirá. Y Aguirre ya ha arrancado, ni que sea al ralentí.



