OPINIÓN

Las tierras de más afuera

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No estaba allí. Tenía nombre y un lugar en las enciclopedias y los mapas, pero la realidad es que la isla Sandy no existe. La reciente noticia de que un barco científico australiano confirmaba que no había encontrado nada más que agua en las coordenadas donde se suponía que estaba esta isla (a la que se le había concedido un nada desdeñable tamaño de 25 Km. de largo y cinco de ancho) cercana a Nueva Caledonia nos devuelve la emoción de los tiempos de los descubrimientos, cuando la zona en blanco de los mapas se estaban haciendo a golpe de ciencia y aventura, rellenando los espacios donde antes reinaba la fantasía y el misterio. Cuando las islas se descubrían varias veces o se era incapaz de volver a ellas pues los marinos no tenían los medios para determinar su ubicación exacta. Y también nos recuerda el carácter singular e incluso mítico que esos pedazos de tierra asediados por el océano siempre han tenido en nuestro imaginario. Quizás la más cercana para nosotros sea la famosa isla de San Borondón, situada en tantos mapas en las islas Canarias y que provocó varias expediciones en su búsqueda hasta el siglo XVII. Por otro lado, los chilenos dieron con una denominación brillante para una isla que bien pudiera simbolizar a todos esos jirones de tierra firme: la isla de Más Afuera. Se encuentra a unos 600 Km. de la costa chilena y desde la década de 1960 cambió su nombre por el de Alejandro Selkirk, un marino escocés que muy probablemente pudo ser la inspiración de Daniel Defoe para crear su novela "Robinson Crusoe". Otro habitante, igual de célebre pero esta vez real, hizo famosa a otra isla perdida en el Atlántico Sur a más de 2.000 Km. de la costa africana más cercana: Santa Helena. Allí fue desterrado hasta el fin de sus días, en 1821, el emperador Napoleón tras su derrota definitiva en Waterloo. Franceses son también los contados habitantes (científicos y sus familias en su mayor parte) de otro archipiélago al que el aliento de la Antártida, que las cubre con persistentes nieblas, defiende de la curiosidad humana. A 5.000 Km. de la tierra habitada más cercana, las islas Kergelen antes se llamaban islas de la Desolación y motivos no les faltan. Llueve o nieva 300 días al año, la temperatura rara vez supera los 10º y puede caer hasta los 20º bajo cero, y las rachas de viento pueden superar los 150 Km. por hora. Así que, si no eres un albatros, un pingüino o un lobo marino, la vida puede resultarte bastante ardua allí. Pero quizá precisamente por todas estas dificultades y por su lejanía ese puñado de "tierras de más afuera" sigue conservando intacta su magia, su poder para hacernos soñar con una tierra donde los mapas están aún por dibujar.

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