La Roja del tiqui-taca y mucho más
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España, más allá del tiqui-taca. El otro fútbol, el de sala, también asombra al mundo. No se queda atrás, no defrauda, mantiene las constantes vitales a tope luciendo las dos estrellas sobre el escudo. La Roja del fútbol sala no se cansa de ganar. Más aún, mantiene márgenes abiertos de mejora. Lo hemos visto en las canchas de Tailandia: los de José Venancio empezaron flojos, se fueron creciendo partido a partido y ayer nos emocionaron con un despliegue soberbio de juego y autoridad sobre Italia. Todo un espectáculo donde el balón fue protagonista, y la inteligencia de los jugadores resultó fundamental para resolver en espacios reducidos. España reúne toque, estrategia, potencia y suerte en los instantes decisivos. Tiene el perfil de una campeona.
Se presenta Brasil en el horizonte de la final, como no podía ser de otra manera. Estamos ante el duopolio permanente, el duelo sin favorito, la máxima expresión de este vibrante deporte que es el fútbol sala. España aprendió mucho de la canarinha en los primeros pasos de implantación de esta disciplina en nuestro territorio. Hoy podemos decir que ambas selecciones andan a la par, e incluso La Roja tiene una pizca más de chispa que los maestros brasileños. Y también más genio, el propio que imprimen las dos estrellas de campeona que lucen los de José Venancio con orgullo. El Mundial de Tailandia vuelve a poner al fútbol sala en el escaparate y la final de mañana es una cita ineludible para quienes gozamos con el tiqui-taca... Y mucho más.



