La rebeldía es su forma de vida

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Anna Tarrés lideraba las huelgas en la Universidad Autónoma, a finales de los 80, cuando cursaba filología anglogermánica. Ya había vivido una aventura olímpica, en Los Ángeles 84, al competir como nadadora de la desconocida sincronizada mientras los gigantes del baloncesto se intentaban colar en sus entrenamientos o les esperaban en la puerta de las habitaciones. Eran "otros tiempos", cuenta Anna, quien venera la educación que le inculcaron sus padres y critica cómo se forman algunos niños y niñas de hoy en día, con más ataduras.
No sorprende la crítica en una mujer que bien podría encajar en pleno siglo XIX, liderando cualquier batalla por los derechos femeninos. Su vida se resume en la rebeldía, el inconformismo, la tenacidad por alcanzar un fin. Así fundó un deporte en España, la sincro, y lo llevó a cuatro podios olímpicos. Así actúa ahora, tras la polémica, y después de contemplar cómo su hija se quedó atónita cuando escuchó las acusaciones a su madre. Entró en shock, pero ahora dice sentirse con fuerzas, con la energía que le reclamaba a sus nadadoras y que le transmiten las decenas de personas que le dan ánimos por la calle. Tarrés nunca se ha rendido. Y su torbellino no iba a detenerse ahora.



