Cien millones de dólares no valen lo que Magic Johnson
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Tres innobles derrotas de salida (más ocho en pretemporada) devolvieron a los Lakers a tiempos prehistóricos: no sufrían semejante ignominia desde 1978-79 (Abdul-Jabbar, Wilkes, Nixon...), la temporada anterior al estallido de una supernova de Michigan, el base gigante Earvin Magic Johnson, que revolucionó la NBA y el planeta del baloncesto. En la Liga 2012-13, los frustrantes Lakers son la única plantilla que amasa 100 millones de dólares en salarios, más allá de todo límite. ¿Para ser un juguete en manos de los Mavericks sin Nowitzki o de los revoltosos Clippers? ¿Para que la fórmula del pobre Mike Brown vuelva a ser darle el balón a Kobe, con 34 añitos...? Oh, My God: 'Ay, Señor'.
Dennis Rodman fue cinco veces campeón de la NBA y siete veces máximo reboteador. Se vestía de novia y escandalizaba fuera de las canchas. Pero su lema era: "Mi santuario es la pista". Por diferentes que fueran Magic, Bird y Jordan... pensaban básicamente como Rodman. Con Nash de baja indefinida, los Lakers han de reinventarse entre el metalúrgico Ataque de Princeton y una defensa al nivel de un felpudo. Lo peor: 34 años después, no hay un Magic a la vista. Ni con 100 millones de dólares.




