Páginas de periódico en un vestuario
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Un joven y conocido futbolista español volvió muy gallito de un buen campeonato Sub-19. Se paseaba por el campo de entrenamiento con el pecho henchido. Le cogió por banda un entrenador que necesitaba conseguir dos cosas con una pequeña charla en los pasillos: que se le bajaran los humos y buscarle nuevos objetivos. Le recordó que le habían sustituido en las semifinales y también en la final. ¿No eres suficientemente bueno para mantenerte todo el partido? ¿No aguantas físicamente? ¿Qué raro que seas siempre el primer sustituido, no? Yo sentiría que he fracasado si no se cuenta conmigo de principio a fin. De hecho, dijo el preparador, el equipo jugó mejor sin ti. Y, claro, consiguió hundir al chaval. Para añadir: igual deberías ir más al gimnasio, hacerte más fuerte, ver los partidos otra vez y conseguir que no te vuelvan a sustituir nunca más. Objetivo totalmente cumplido. Casi cualquier cosa puede servir para subir el listón del futbolista, para cambiar el guión diario, para descubrirle que el límite es la luna hasta el día en que se le explica que, en fin, igual su límite es mirar a la luna.
En ocasiones, ponemos en el diario una estadística que nos parece relativamente relevante, pensando que debe ser de interés, aunque quizá escaso, para el aficionado medio. Pues esa misma página es la que muchos entrenadores a menudo recortan y ponen en la taquilla del jugador implicado. Seguro que a Cristiano le han recordado lo que explicamos aquí, que le quedan objetivos por cumplir, récords por batir. Mejorar lo lleva en los genes, como pasa con los mejores. Pero nunca está de más una pequeña ayuda.




