La Euroliga no quiere sorpresas
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Comenzó la Euroliga con un nuevo formato. No afecta a esta primera fase, pero sí a la siguiente. Esta primera se mantiene con diez partidos en cada grupo, donde es muy difícil que salten sorpresas como la del año pasado con la eliminación del Baskonia. Era en la segunda fase, la llamada Top-16 porque se clasificaban 16 equipos, donde la competición se ponía interesante por ser muy corta. Cuatro equipos en cada grupo y seis partidos por delante. Como la Champions de fútbol. Un solo tropiezo en casa dejaba a cualquiera al borde del abismo. Las sorpresas abundaban. Mismamente el año pasado, el Bilbao apeó al Madrid, y en las diez últimas ediciones cayó cuatro veces el Panathinaikos y dos el Barcelona.
Esto no interesa. No es comercial. El baloncesto de clubes huye del efecto sorpresa. Por eso casi nunca pasa nada. Por eso inventó los playoff. Porque a un partido puede pasar cualquier cosa, pero a cinco lo normal es que se acabe imponiendo el grande. El Top-16 resultaba demasiado arriesgado. Ahora, con una segunda fase en la que se pasa de seis partidos a catorce, el margen de error es mucho mayor. Los grandes lo tendrán más fácil. El resultado es un baloncesto descafeinado que devalúa el producto. Las cadenas de televisión han dejado de ofertar por él, y los aficionados no muestran mayor interés hasta que se acerca el final. Primó el interés comercial sobre el deportivo, y se han cargado lo uno y lo otro.




