Punto de épica, enojo e inflexión

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Del horror de quedarse con diez -y ya van seis expulsiones en contra en apenas siete jornadas, ésta de Víctor Álvarez más que discutible- a dominar en inferioridad. De la pena máxima (el rigurosísimo penalti sobre el estiloso Longo) a la gloria. De la vulgaridad defensiva precedente a la solidez de anoche, salvo en una acción: gol de estrategia del Valladolid. Y de la épica del 1-2 a la impotencia de ver cómo es injustamente anulado. Así, bipolar, es como sobrevive en estos días el Espanyol, que al fin sumó anoche y se reencontró con su juego y, sobre todo, con su identidad propia.
Así culminan también los pericos una de sus semanas más convulsas: con un punto de gracia -la que reafirma a Pochettino gracias a la garra ayer de su equipo-, pero también de rabia. Y, sobre todo, debería convertirse en un punto de inflexión. Sobre el césped y en los despachos. Esa citada bipolaridad no es casual: el Espanyol se debate entre el amor y el odio, entre la guerra y la euforia transitoria, entre los deseos de la grada y los de los principales accionistas. Como anoche, se trata de sumar para cambiar.



