Cuando la amnesia es el problema

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Tras el gol de Raúl García, durante el festejo, por el plano de televisión se coló una solitaria pancarta, lejana, difusa pero legible: "Incalificables". Es el nombre de una peña perica, pero bien podría referirse al Espanyol de anoche y de lo que va de Liga. Tanto al equipo como a la institución. Una confusión que sobre el césped se traduce en candidez defensiva (lentitud, excesivo repliegue, pérdida de balones...) donde antes hubo solidez. O en un descontrol en el mediocampo donde antes hubo mando, como lo demuestra el ahora desorientado Verdú. Y en un ataque timorato, como lo es cualquier misión que se le encomiende a un joven de 20 años, llámese Longo, que además está cedido y hasta hace un mes jamás había pisado la Liga.
El problema no es físico, no debería serlo de juego, con un técnico que lleva casi cuatro años en el cargo. Es de amnesia. El Espanyol se ha desdibujado, ha perdido ídolos como quien regala cheques en blanco y ha difuminado el efecto de contar con un nuevo estadio. Con un inmovilismo que lo ha anquilosado. Y, en medio, una afición que sí tiene memoria, y que sabe dónde desemboca una crisis como ésta.



